Creando a Doppelgänger #7

Siempre he querido pensar en mí mismo como una persona, por lo general, escéptica. Creo que la mayoría de las supersticiones y creencias no son más que un conjunto de herramientas creadas por el poder para el control de las masas. Por otro lado, creo que tampoco sería muy inteligente negar por completo la posibilidad de que exista algo más a nuestro alrededor de lo que nuestros cinco sentidos son capaces de percibir. Pero sin duda, no creo que tenga absolutamente nada que ver con lo que tradicionalmente nos han contado.

Sin embargo, me fascina la simbología. Cómo un solo símbolo es capaz de encerrar significados complejos. Aunque la superchería de todos los niveles se haya valido de la simbología para autovalidarse y a veces se confundan, son dos cosas completamente diferentes.

Actualmente, mi número favorito es el 7. No fue siempre así, para ser sincero. De más pequeño, me encantaba el 5, y de hecho aún siento mucha simpatía por él. Tan redondito y aristado a la vez, encantador, siempre en medio de todo. Pero más tarde, por alguna razón, el 7 representó para mí el cambio, la fuerza, la madurez, la experiencia, la edad adulta. Este número lo tengo fuerte e inevitablemente vinculado a una persona: a mi padre. Por todo ello, desde hace muchísimos años, ese es mi número.

Irónicamente y para más inri, el 7 es el número mágico por excelencia, el que representa lo terrenal y lo divino. ¡Ideal para un escéptico!

Es por ello que la Doppelgänger número 7 predecía un cambio, una evolución, una metamorfosis. ¿Casualidad?

Las materias primas

En realidad, al principio, ni siquiera me percaté de que estaba comenzando el que sería el séptimo instrumento de mi marca. Pero eso da igual, porque, como iréis viendo, lo importante no es como se empieza sino cómo se acaba.

Y todo comenzó en un viaje al Bierzo en 2019. El padre de una amiga, ahora ya retirado, ha sido durante toda su vida el carpintero de La Ribera del Folgoso, y de todos los pueblos de alrededor. Aún mantiene la carpintería bajo su casa y (ampliaré mejor esta historia en la futura Doppelgänger #9, actualmente en construcción), tiene almacenados desde hace décadas algunos tablones excelentes. Secado natural 100%. Si bien el objeto de nuestra visita fue transformar unas vigas centenarias de álamo en tablones para Doppelgängers, fue inevitable también echarle un ojo a sus estanterías. Localicé unas maderas con buena pinta y el grosor adecuado. Y Emilio, en su infinita generosidad, me las preparó en un momento.

Como digo, ya os contaré más sobre él y aquel fin de semana. Pero, sin duda, ver trabajar a un artesano como Emilio es una experiencia única. Observar la soltura y la confianza de unas manos expertas es algo comparable a observar las nubes o una hoguera. Una auténtica fuerza de la naturaleza.

Entre todo lo que aquel día expolié (a falta de una palabra mejor), estaban unos tablones que él definió como un “pino especial, sin nudos”. Yo, que en ese momento casi tenía aún menos idea de maderas que ahora, lo acepté encantado. La veta era totalmente plana y era extremadamente liviano. Y lo mejor, al convertirlo en un tablero de dos piezas, ¡campanilleaba al golpeo de maravilla!

Meses más tarde, elevé la consulta a algunos expertos y me confirmaron que se trataba de Samba, Obeche o Ayous. Una madera original del continente africano. En realidad nunca había escuchado hablar de ella, y todavía menos como tonewood, pero vi que, aunque se trata de una madera económica, incluso PRS la usó para uno de sus modelos en su día. Tal y cómo la define el propio Paul, se trata de una especie de tilo africano, sin ser exactamente tilo. Como podéis leer en el enlace anterior, a él no le gusta el tilo normal, lo considera tonalmente muerto, pero la Samba realmente resuena.

Tiene un tono bonito al golpeo, es súper ligera y tiene un largo secado natural. Y la bendición del mismísimo Paul Reed Smith. ¿Cómo no le íbamos a dar una oportunidad?

Manos a la obra

El cuerpo

Como os contaba, comencé el séptimo proyecto casi de manera anecdótica. Sin tener en absoluto claro qué quería hacer más allá de ser una Telecaster. Voy a cortarla y que ella misma me vaya diciendo. ¡Y vaya si fue así!

Ya he explicado aquí cómo cortar un cuerpo, y aunque mis medios y herramientas han mejorado desde entonces, el concepto sigue siendo el mismo.

sierra cinta telecaster samba
telecaster cuerpo obeche
cuerpo telecaster samba

A priori no tenía nada claro la configuración de pastillas y electrónica. El espíritu de la Doppelgänger #4 y, por extensión también el de la Telecaster Cabronita, me persigue siempre. Probé varias ideas…

Muy bonita, pero demasiado parecida a la Doppelgänger #4. Así que pensé que un doble binding podría darle un efecto interesante.

Y, efectivamente, mucho más bonita, pero igualmente similar a la #4. Además, aunque me encantan las guitarras con una sola pastilla, reconozco que renunciar a la posibilidad de combinar con al menos otra, es limitar un poco el instrumento.

Así que decidí ir al extremo opuesto. Cajearla para dos humbuckers e instalarla un circuito para hacerlas funcionar en serie, paralelo y fuera de fase. O sea, versatilidad a tope.

Cajeando los huecos

Cogí escuadra y cartabón y me dispuse a marcar los huecos, todo perfectamente alineado. Incluso me fabriqué una plantilla para hacer las humbuckers.

Va por buen camino, ¿eh? Pues cuando menos te lo esperas, de repente, la cinta de doble cara con que había fijado la plantilla al cuerpo se mueve mientras estoy fresando y manda todo el trabajo al carajo.

No es solo que el hueco de la pastilla haya quedado un poco deforme aunque el marco de la humbucker podría taparlo. El problema es que se ha movido también del eje y quedaría totalmente desalineada. Mi gozo en un pozo. Así que, decepcionado y habiendo arruinado el cuerpo, lo dejé apartado durante semanas.

Recalculando ruta

En esta época del postureo en la que vivimos parece que no hubiese espacio para las pequeñas situaciones cotidianas de fracaso. Sé que esta palabra, fracaso, suena demasiado dramática y grandilocuente para lo que estamos hablando. Nadie se ha muerto, obvio. Pero si bien en el mundo que se nos muestra en los espejos negros solo aparece gente guapa que lo hace todo espectacularmente bien y a la primera, yo reivindico mi derecho no solo a meter la pata, sino a que el mundo lo sepa. Errar es de humano. Es normal. De hecho, para el autodidacta, muchas veces es el único camino.

Como me daba mucha pena descartar ese cuerpo tan particular y en el que tanto había trabajado, decidí, una vez más, repensar el concepto. Enmendar el error. Al fin y al cabo, si la alineación puente-mástil es correcta, el resto es más o menos solventable.

Así que, tras haber terminado la Doppelgänger #6, llegó la inspiración para hacer una Telecaster Custom Deluxe. Las pastillas Wide Range características de ese modelo son más grandes que una humbucker normal y podría aprovechar los huecos ya existentes. ¡Eureka! ¡Traedme el lápiz y las reglas! ¡Volvemos a la carga!

Esta vez sin plantillas, con la fresadora y a mano alzada. ¡A lo loco!

Bueno, a lo loco no. Con mucho cuidado. Y así logré un cajeado casi perfecto. ¡Buen pulso!

El asunto Wide Range

Vale, pues esto ya marcha. Ahora solo tengo que encontrar unas Wide Range de calidad.

Si no conocéis este tipo de pastillas os haré un pequeño resumen. A principios de los años 70 Fender se sentía un poco fuera del nicho de mercado que explotaba Gibson. Aquellas guitarras mayormente equipadas con humbuckers daban un sonido muy potente con el que las single coil, sencillamente, no podían competir. Especialmente en una época donde las bandas se iba endureciendo, y el proto-heavy metal comenzaba a despuntar.

Se contrató a Seth Lover, el diseñador de las famosas PAF de Gibson, para que hiciese algo parecido para Fender. Y llegaron las Wide Range. Una humbucker evolucionada, con una bobina más grande, con una placa base especial y, sobre todo, unos imanes poco convencionales: CuNiFe (cobre, níquel y hierro) a diferencia de los más usuales AlNiCo (aluminio, níquel y cobalto). Esta pastilla se caracteriza por tener un tono más cercano al de las single coil que al de las humbucker, con mucha más claridad y dinámica. Algo así como una P90 con más salida y con cancelación de ruido.

Pese a que se instalaron en varios modelos, en menos de una década fueron descontinuadas. La idea no triunfó como se esperaba.

Años más tarde, se volvieron a fabricar para las reediciones de esos modelos. …O algo parecido.

El caso de Fender con las Wide Range es, directamente, una chapuza. Todas las que podáis encontrar en reediciones mexicanas, japonesas o chinas de hasta hace un año aproximadamente, se trata de una humbucker normal en la carcasa de una Wide Range. Por supuesto, su tono no tiene absolutamente nada que ver con las originales. En fin, nada nuevo bajo el sol.

¿Por qué hacen esto? Pues la primera razón, y más obvia, por el dinerito. Es más barato fabricar solo una carcasa y ponerle dentro una pastilla que tienes a patadas por todas partes, que re-desarrollar un fonocaptor, con todas sus piezas especiales, que solo van a llevar un puñado de modelos. Además, el público objetivo que va a comprar esa gama tiene el oído de madera y no sabrían distinguir el sonido de una cafetera del de un autobús. ¿Quién va a notar la diferencia?

La segunda razón es el tema de los materiales. En ocasiones ocurre que no siempre es posible disponer de ciertos componentes, comunes en otras épocas. En este caso hablamos de los imanes CuNiFe. Hasta hace un año, era prácticamente imposible encontrar este material. Esto no exculpa a Fender de la chapuza, puesto que los imanes son solo una característica de la pastilla y, según los expertos, fácilmente sustituibles por otros de características similares. Pero la falta de esta materia, así como su dificultad para fabricar una copia fiel, ha hecho no solo que se mitifiquen y que las Wide Range de la época hayan quintuplicado su precio en los últimos años en el mercado de segunda mano, sino que los pocos artesanos que bobinan este tipo de pastilla siguiendo el diseño original se hayan subido a la parra con precios que son un auténtico disparate. Cómo será el asunto, que hasta Fender, hace un año, ha reeditado las Wide Range con el diseño y los imanes originales (querer es poder) a precio, como cabía esperar, desorbitado.

Recalculando ruta de nuevo

Las modas son así. Así que, cuanto más investigaba sobre el tema, más mala leche se me iba poniendo. Hasta que llegó el punto en me negué a plegarme a esta mafia. Estas pastillas me parecían curiosas, pero ya soy mayor y no creo en los componentes esotéricos en el equipamiento musical. No existen imanes, ni transistores, ni válvulas mágicas. Hablaba de mi escepticismo al principio, ¿no? No veo justificación alguna para este abuso.

En principio, esta guitarra está preparada para montar Wide Range con un simple cambio de golpeador si algún día esta absurda fiebre baja. Pero de momento vamos a ponerle una de mis pastillas favoritas: ¡las siempre chocantes y aguerridas P90!

Y en esta ocasión, elegimos las prestigiosas Lollar Soapbar hechas a mano. Gran calidad a un precio razonable ¿Qué puede salir mal?

Acabado

Pese a todos los contratiempos, el proyecto sigue adelante. El paso siguiente es decidir el acabado.

Como sabéis, hasta ahora he pintado y barnizado mis instrumentos con nitrocelulosa. Pero hemos dicho que la Doppelgänger #7 tenía que ser especial y marcar un hito. El primero de ellos es mi deseo de desembarazarme de tan tóxico material y comenzar una nueva etapa con la goma laca y los pigmentos naturales, tal y como ya os conté aquí.

Nos decantamos por un bonito verde para la tapa, con los laterales y la trasera al natural, aunque con goma laca ámbar, que le aporta un tono tostado.

El mástil

El segundo hito que marcará el séptimo instrumento es la construcción de un mástil totalmente hecho a mano. Si hasta ahora los mástiles de las Doppelgänger Guitars eran Hosco, había llegado el momento de dar el salto. El excelente resultado os los conté también hace poco aquí.

Se trata de un mástil de arce con diapasón de ébano. El perfil es C grueso, el radio 9,5” y 21 trastes médium jumbo. Alma de doble acción. La cejuela, como siempre, es de hueso tallado a mano y los afinadores Kluson Double Line. Todo ello barnizado con goma laca.

La electrónica

En el apartado de la electrónica nos encontramos con potenciómetros CTS de A500K y condensadores TAD Mustard de 22nF. El selector de tres posiciones es Gotoh y el jack Switchcraft. Todo ello cableado, con hilo vintage con funda de algodón y según el esquema de las Gibson en los años 50. Éste compensa la pérdida de agudos al bajar el control de volumen, como haría un treble bleed, pero sin el comportamiento raro cuando usamos un Fuzz.

El puente

Las cuerdas van a través del cuerpo asentadas sobre un puente Gotoh con selletas de acero.

 

Resultado final

Si bien ha sido un proyecto que ha tomado largo tiempo, el resultado ha sido, no solo satisfactorio, sino espectacular.

Es una guitarra ultra ligera, 3,1 kg. El mástil es grueso pero se adapta increíblemente bien a la mano, y se toca con suavidad gracias a sus trastes altos y su radio bastante plano. La respuesta de las pastillas es bestial, con unos tonos con mucha presencia, gruesos pero definidos, como buenas P90.

Y aquí una pequeña demo para que podáis juzgar vosotros mismos su tono.

 

Conclusión

Efectivamente, el número 7 ha supuesto un cambio, una ruptura, de alguna manera. Hemos usado maderas poco usuales, hemos superado todos los retos de diseño y ejecución que nos han salido al paso, le dimos la bienvenida a un barniz totalmente natural y artesano, y fabricamos nuestro primer mástil con excelentes resultados. Creo que, sinceramente, en conjunto es el mejor instrumento que he construido hasta la fecha. Este es el tipo de caso donde la superstición podría valerse del simbolismo para legitimarse. ¿Se trata de un designio divino? ¿El destino? ¿La guitarra ha salido buena por ser la séptima? ¿O, da la casualidad que es la número 7 y por eso establezco esa relación causa-efecto?

Siendo pragmáticos, de momento, me alegro de que mi mejor creación hasta la fecha lleve mi número favorito 😉

 

 

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